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Para Lakiria Una nueva oportunidad.
Death despierta en su cama totalmente desorientado, incapaz de reconocer su propia habitación durante los primeros minutos. Poco a poco los recuerdos se abren paso en su abotargada mente haciendo que sus puños se cierren con fuerza sobre las sabanas y su corazón comience a latir a toda velocidad. Cuando consigue recuperar el control del mismo se levanta y poniéndose los primeros pantalones que encuentra sale al exterior. Un brillante sol hiere sus delicados ojos pero se niega a cerrarlos, aferrándose a su voluntad de hierro se obliga a mantenerlos abiertos y contemplar todo su alrededor con una sonrisa que poco a poco se va haciendo más ancha en su rostro. Sin darse cuenta de lo que hace comienza a andar hacia el centro del Santuario donde se detiene ante un enorme monolito con doce hendiduras a su alrededor, como doce viejas cicatrices en la fría piedra. Estira su mano derecha hacia una en concreto y la mantiene posada en ella unos largos minutos. - Así que no ha sido un sueño – murmura cuando la retira- Hemos vuelto a la vida una vez más por voluntad de los dioses. Me pregunto si nos dejarán vivir en paz o una nueva guerra nos espera. De pronto una idea cruza por su mente: visitar al león dorado. Necesita verle en pie, en posesión de toda su fuerza y vitalidad, necesita ver sus esmeraldas llenas de vida e ilusión. Rápidamente sale corriendo hacia el templo de Aioria sin prestar atención a las llamadas de los pocos caballeros que se encuentra por el camino. Al llegar se detiene ante la puerta consciente de que esta a medio vestir, pero con un movimiento de cabeza desecha ese absurdo sentimiento de pudor y llama con toda la fuerza de su puño. Espera unos eternos minutos en los que no obtiene ninguna respuesta, y tras los cuales toma la decisión de abrir la puerta y entrar sin más ceremonias. - ¡Aioria! – llama una vez en el vestíbulo- Soy Pietro, ¿estas despierto? Escucha con su fino oído en el silencio del templo sin detectar el más mínimo sonido, por lo cual con preocupación se adentra en el mismo hasta llegar al conocido dormitorio del león dorado. Una vez allí lo que encuentra le impele a correr hacia la cama y sentarse en ella para girar al hombre que yace en la misma con el rostro hundido en la almohada. - Aioria, ¿qué te ocurre? ¿Por qué no has contestado a mi llamada? ¿Te encuentras mal? El león le mira con unos ojos llenos de infinita tristeza y dolor, unos ojos totalmente enrojecidos e hinchados por las lagrimas que han brotado de ellos sin control y que han dejado en sus mejillas las marcas de su recorrido. Sin decir nada se abraza fuertemente a Pietro hundiendo el rostro en su blanco pecho ahogando roncos gemidos que comienzan a brotar de su garganta. Pietro le abraza con un nudo en el estomago, le acaricia los rizos y la espalda en un mudo intento de consuelo que el otro no parece sentir. Por fin al cabo de un rato siente con se va tranquilizando y le separa de si lentamente. Le mira con una dulce sonrisa y le limpia el rostro con un extremo de las revueltas sabanas de la cama. - ¿Puedes explicarme porque esta llantina, pedazo de tonto? Estamos vivos de nuevo, los dioses nos han perdonado una vez más y tenemos una nueva oportunidad de ser felices. Deberías estar dando saltos de alegría y recibiéndome como merezco. - Te equivocas, no nos han perdonado del todo – le contesta con voz ronca. - ¿Cómo que no? ¿A qué te refieres con esas palabras? ¿Acaso tenemos que enfrentarnos de nuevo con algún orgulloso dios y sus caballeros? - No habrá más enfrentamientos para nosotros Pietro, ni siquiera podremos quedarnos aquí. - ¿Qué diablos estas diciendo? ¿Por qué habríamos de irnos de nuestros respectivos templos? Somos sus guardianes, no podemos abandonarlos. - Te equivocas, ya no somos sus guardianes. Aioria toma aire y se levanta de la cama lentamente para ponerse frente a un intrigado Pietro. Sin pronunciar una sola palabra adopta su característica posición de combate para lanzar su rayo de plasma. El italiano se sobresalta y se cubre instintivamente pero no pasa nada, no recibe ningún golpe. - ¿Lo ves? – le dice el león acercándose a él- Nada, absolutamente nada. La armadura no responde a mi llamada, mi cosmos esta muerto, ni siquiera soy capaz de dar un golpe con la fuerza de antes. Nos han quitado nuestros poderes, ya no somos Caballeros Dorados, solo somos simples humanos. ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿A dónde iremos? ¿Por qué devolvernos a la vida así? Pietro se deja caer lentamente en el borde de la cama tratando de asimilar las palabras de su amado león. Durante un buen rato es incapaz de decir nada, pero al cabo del mismo se incorpora y trata de llamar a su armadura e inflamar su cosmos como antaño, y efectivamente, nada ocurre. - Bueno, parece que esa ha sido la condición que los dioses han impuesto a Atenea para devolvernos la vida. Tendremos que aceptarlo y empezar a vivir como humanos normales. No es para tanto, al fin podremos dedicarnos a nosotros mismos. - ¿Cómo puedes decir que no es para tanto? ¿Es que no te das cuenta? Hemos sido sus protectores en innumerables batallas, hemos sido entrenados para luchar desde que nacimos, no sabemos hacer nada más. Nunca hemos vivido en el mundo exterior, ¿cómo diablos vamos a sobrevivir allí fuera? Pietro parpadea por sus palabras y poniendo las manos en el pecho de Aioria le empuja con toda su fuerza logrando hacerle caer sobre la cama que esta tras él. A continuación él se tira con cuidado de no lastimarle sobre él y le besa apasionadamente. - No quiero que vuelvas a decir algo así – le dice cuando se separa- Nos tenemos el uno al otro y somos fuertes y hábiles, algo encontraremos que seamos capaces de hacer. Además espero que no haya pasado por esa cabecita la idea de que viviremos separados, porque nos iremos los dos juntos de aquí. Aioria gira el rostro hacia un lado dirigiendo su triste mirada hacia el cielo azul que se ve a través de la ventana del cuarto, para volver a enfocar su atención en el albino rostro que tanto ama. - ¿Es que no lo entiendes Pietro? Tú eres fuerte, aceptas las cosas como vienen, pero yo no soy así. Tengo miedo de salir de aquí, de afrontar esta nueva forma de vida… a lo largo de todo este tiempo he perdido muchas cosas, empezando por mi hermano mayor, lo último que esperaba era perder mis habilidades como caballero, mi posición como guardián de una de las doce casas. Era todo lo que me quedaba junto a tu amor. - Bueno, mi amor lo sigues teniendo, y creo que eso debería importante más que el proteger una casa o a una diosa caprichosa. - ¡No hables así de Atenea! - Jajajaja, a pesar de ser la culpable de nuestro actual estado la sigues defiendo con ardor. Nunca cambiaras amor El albino se levanta y tiende las manos hacia él con los ojos brillantes por el nuevo desafío que les espera. - Vamos Aioria, levántate y ve a darte una ducha. Borra esos rastros de lágrimas de tu rostro, ponte tu mejor ropa, y salgamos a enfrentar la nueva vida que tenemos por delante. Te aseguro que va a ser tan plena y satisfactoria como la que hemos llevado hasta ahora. El león le mira en silencio sin mover un solo músculo, pero poco a poco la confianza que irradian los rojizos ojos de su albino le impulsan a tomar sus manos e incorporarse para obedecer sus anteriores palabras. Cuando por fin esta solo en la habitación Pietro se tumba en la todavía tibia cama de Aioria y llevándose las manos al pecho suspira pesadamente. En su interior sabe que esta muy lejos de sentirse tan confiado como hace un momento ha mostrado. El tampoco sabe hacer nada más que quitar vidas y dejar sus almas atrapadas en su casa a través de las mascaras, y como no se dedique a asesino profesional no sabe de que le van a servir esas habilidades. El silencio de la ducha hace que adopte de nuevo su expresión confiada y sentándose espera la vuelta de un Aioria totalmente distinto del que entro al cuarto de baño. - Perfecto, ahora si que eres mi león. Prepara tus cosas que nos vamos de aquí. Cuanto antes empecemos a enfrentarnos a nuestra nueva situación antes nos haremos con ella. Aioria asiente y sacando una bolsa de viaje del armario en media hora guarda toda su ropa, girándose a mirar a Pietro cuando ha terminado. - Bien, pasemos por mi templo para hacer mi bolsa y nos iremos de aquí para siempre. En el exterior se encuentran con los demás caballeros algo alterados por el descubrimiento de la perdida de sus poderes. Todos están asombrados, incapaces de comprender el motivo de semejante castigo. De pronto la campana que llama a asamblea en el palacio de Shion resuena por todo el Santuario. Todos guardan silencio al instante y después de mirarse unos a otros se dirigen juntos al palacio con la esperanza de que el Patriarca tenga una explicación para lo ocurrido. - Parece que nuestra marcha tendrá que retrasarse un poco – murmura Aioria siguiendo a los demás. Death se encoge de hombros, coge la bolsa de Aioria para sacar una camisa del león y tras ponérsela enciende un nuevo cigarrillo para seguirle no muy convencido de que Shion pueda decirles algo que no se imaginen ya. Al llegar a la sala de reuniones cada uno ocupa su sitio alrededor de una mesa redonda con los doce signos grabados en la misma. Shion permanece de pie y en silencio, aguardando pacientemente a que todos estén acomodados y dispuestos a escucharle. - Lo primero de todo deciros que me alegro de veros una vez más a mi alrededor – les dice paseando una cariñosa mirada por cada uno de ellos-, debo reconocer que albergaba mis dudas con respecto a alguno. Pero como imagino que sabréis, no os he mandado llamar solo para daros la bienvenida a esta nueva oportunidad sino para transmitiros el deseo de Atena, su último deseo hacia nosotros. Todos guardan un silencio absoluto, atentos a sus palabras, sus miradas fijas en el rostro del lemuriano, los once corazones latiendo al unísono a toda velocidad por la ansiedad de lo que pueda decir. - Los dioses han acordado dejar este plano de la vida durante unos cuantos siglos. Han llegado al acuerdo de dirimir sus diferencias entre ellos, sin meter a los humanos por medio, por lo que tanto nosotros como los otros guardianes hemos sido despojados de nuestros poderes. Un murmullo se levanta entre los asombrados hombres que tratan de asimilar semejantes palabras. Shion espera a que vuelvan a guardar silencio para continuar con sus palabras. - Atenea me ha pedido que os diga que podéis quedaros aquí, este lugar no va a derrumbarse ni nada parecido. Simplemente tendremos que ocuparnos de mantenerlo en pie y, como ahora ha dejado de estar oculto, posiblemente guiar a los curiosos turistas por su interior. Y lo más importante, desea que vivamos una vida plena, la vida que nos corresponde por derecho y que tanto ella como los demás dioses nos han robado en el pasado. - Yo me quedare aquí – dice Mu mirando a todos- Soy el portero del Santuario y así seguiré hasta el fin de mis días. Lemuria esta demasiado lejos para volver a ella, y como bien ha dicho Shion, alguien tiene que encargarse de controlar a los curiosos cuando empiecen a aparecer por aquí. Además, he comprobado que mis habilidades para arreglar cosas no han desaparecido del todo. Ya no arreglaré armaduras pero si puedo ocuparme de otras cosas. Shion pone su mano derecha sobre la izquierda de Mu presionándola afectivamente, en un mudo gesto de gracias por su decisión. - Yo también me quedaré – salta Afrodita- alguien ha de ocuparse de las rosas. No pienso permitir que este hermoso lugar se convierto en un sitio lleno de malezas y espinos. Será una lástima no poder cultivar más rosas piraña pero que le vamos a hacer. Me conformare con crear las rosas más hermosas de toda Grecia. - ¿Qué quieres hacer Aioria? – pregunta a este Pietro en voz baja- Lo que tú decidas estará bien para mí. El rubio león baja la vista hacia sus manos cruzadas sobre la mesa unos segundos tras los cuales mira el lugar vacío de su hermano y, por último, vuelve a mirar al albino con algo de esperanza en sus tristes ojos. - Quiero quedarme Pietro. Conozco este sitio como la palma de mi mano, aquí tengo los mejores recuerdos de mi hermano y no me será tan duro enfrentarme al nuevo futuro. - Muy bien precioso, nos quedamos entonces. Pero eso si, viviremos juntos en una sola casa. No quiero seguir ocultando nuestra relación, así que elige: tu casa o la mía. - Tu casa es más grande, y teniendo en cuenta que tengo mis cosas embaladas, me instalaré en ella en cuanto salgamos de aquí. Antes de que pueda contestarle Shion retoma la palabra llamando la atención de todos. - Por lo que veo todos hemos decidido quedarnos aquí. Me alegro de ello, pero ahora debemos elegir un nuevo presidente, o mejor dicho, administrador. - No veo necesidad de eso – dice Saga levantando la voz-, tú has sido nuestro Patriarca durante mucho tiempo y has demostrado ser capaz de controlarnos a todos. Así que por mi parte deseo que sigas siendo la cabeza de este lugar. Todos apoyan incondicionalmente las palabras del gemelo y después de agradecerles el gesto, Shion da por terminada la reunión. Todos se retiran menos Dokho que se queda junto al lemuriano con una gran sonrisa en su rostro. Pietro y Aioria se encaminan a la casa del primero deteniéndose a hablar con alguno de sus compañeros que aprovechan para felicitarles por dar el paso de convivir juntos por fin. - Tienes la mitad del armario libre – le dice Pietro cuando están en la habitación- Si necesitas más espacio amontona mi ropa, la verdad es que no tengo mucha pero si muy mal colocada. Mientras pondré algo de orden en la casa, ya sabes que soy desordenado por naturaleza. Cuando cada uno termina con sus respectivas ocupaciones se dejan caer en el sillón del salón frente a un apagado televisor. Pietro pasa un brazo tras los hombros de Aioria y le atrae hacia así hasta que consigue que repose la cabeza en su regazo, dedicándose a acariciarle dulcemente. De pronto la temperatura baja considerablemente y antes de que pueda quejarse su mirada se detiene en un punto fijo enfrente de ellos. - ¿Pero que diablos…? ¿Ioros? ¿Tú también has sido resucitado por los dioses? - ¿Con quien hablas? – pregunta incorporándose Aioria aturdido- Aquí no hay nadie. ¿Por qué mencionas a mi hermano? - ¿Qué porque le menciono? ¡Pero si esta delante de nosotros! ¿No me digas que no le ves? - El no puede verme Pietro, solo tú tienes ese don. - Un momento, ¿me estas diciendo que puedo ver fantasmas? ¿Qué tú eres un fantasma y por eso solo yo puedo verte? - No nos gustan que nos llamen fantasmas, es un término despectivo hacia nosotros. Nos gusta más que nos digáis espíritus. - ¡Joder! Acabo de convertirme en un jodido médium. Fantástico, me parece que voy a tener una vida muy ocupada liberando a todos los que tengo atrapados en esta casa. - Es hora de que les devuelvas la libertad. Pero no te preocupes, no están enfadados, comprenden que su encierro aquí era parte de tu trabajo como guardián de cáncer. - Genial, tengo una horda de espíritus comprensivos en mi casa esperando a que los envié a…, ¿por cierto a dónde debo remitirlos? - Solo dirígelos a luz, es algo fácil. Alguno querrá que des un mensaje a sus familias antes, pero nada que no puedas hacer, ¿verdad? Mientras, Aioria está sentado en el sillón totalmente pálido observando a Pietro hablar solo y sin poder evitar pensar que se ha vuelto loco. - Así es, nada que no pueda hacer. Por eso estas aquí, quieres decirle algo a tu hermano, ¿no es así? - Si, así es. Y también porque pensé que era mejor que fuera yo quien te descubriera tu nueva habilidad. Con ella podrás ayudar a mucha gente a quedar en paz, tanto vivos como muertos. - Lo que siempre desee ser: un mensajero. En fin imagino que no podía ser de otro modo. Nuestros poderes han desaparecido, pero somos hábiles en tareas relacionadas con ellos. Bueno, que quieres que le diga a tu hermano antes de que piense que me he vuelto loco del todo. La imagen de Ioros se acerca a su hermano y posa las manos sobre sus hombros. El chico no puede verle pero si sentir su amor y su calidez durante unos breves instantes. - ¡Es verdad! – exclama asombrado- Mi hermano está aquí y tú puedes verle. - Dile que no se preocupe por nada, que estoy bien. Que le esperare pacientemente y que siempre cuidare de él. Dile que lamento todo lo que ha tenido que sufrir por mi culpa, pero que estoy muy orgulloso del hombre en que se ha convertido. Pietro le transmite las palabras de Ioros lo que hace que lagrimas de emoción surjan de los ojos de su amado, quien solo se limita a asentir a ellas sin poder hablar por la emoción que siente. - Hermano, siempre te llevare en mi corazón – consigue decir con voz trémula. Ioros asiente a sus palabras y despidiéndose de Pietro desaparece no sin antes recomendarle que cuide bien de su hermanito o volverá para ajustarle las cuentas. - Se fue. Bueno, bueno parece que voy a tener un día muy agitado. Tendrás que ocuparte de preparar la comida y la cena, voy a librarme de todos esos espíritus cuanto antes. Quiero tener absoluta intimidad contigo esta noche, nada de fisgones espirituales. El rubio no contesta, se queda quieto un rato más en el sillón, recreándose en el recuerdo de las sensaciones que ha tenido hace unos momentos. Por fin reacciona y con un suspiro va a examinar la nevera del albino, encontrándola prácticamente vacía. Se acerca a la habitación donde se ha encerrado Pietro para decirle que va a salir al pueblo, pero se abstiene de hacerlo al escucharle hablar con una de sus mascaras, por lo que decide dejarle una nota pegada a la puerta de la cocina por si decide salir a tomarse un respiro. Para acercarse al pueblo toma un autobús que para en la puerta del Santuario y en apenas media hora esta en el centro del mismo. Se dirige al supermercado y comienza a llenar el carro de comida cuando de pronto un fuerte ruido le sobresalta. Busca con la mirada el origen del mismo y encuentra a un niño en el suelo, a los pies de las escaleras que conducen a la planta superior llorando y sujetándose una pierna fuertemente. Se acerca al chico y arrodillándose a su lado trata de calmarle. - Tranquilo pequeño – le dice con su tono más relajado-, déjame que eche un vistazo a tu pierna. Quizás pueda ayudarte con ella. Con cuidado recorre con sus manos la delgada pierna del chiquillo hasta detenerse en el tobillo. Afortunadamente no tiene nada roto, solo es una dolorosa torcedura. - No tienes nada roto – le dice al niño que ha dejado de gritar pero no de llorar- Voy a darte un masaje que te dejara como nuevo. Pero tendrás que ser valiente porque va a ser algo doloroso. - ¿Podré volver a casa andando? – pregunta el pequeño entre sollozos. - Claro que si, y corriendo si lo deseas aunque sería conveniente que no forzaras el pie hasta mañana. - Entonces seré valiente y no me quejare señor. Aioria sonríe y acomoda el pie en una de sus piernas para darle un enérgico masaje. De vez en cuando lanza miradas al rostro del muchacho para ver si aguanta bien el dolor, y por fin, después de media hora le suelta el pie y le ayuda a incorporarse. - Vamos apoya el pie sin miedo. Da unos pasos… así muy bien. ¿Ves como ya puedes andar? Estarás dolorido durante un rato, pero no te preocupes se te pasará en seguida. El niño sonríe y dándole las gracias efusivamente recoge su bolsa y se dirige lenta pero firmemente a las cajas para volver a su casa. Por su parte Aioria sonríe satisfecho con su trabajo pensando que quizás ese sea su futuro. Poner una clínica de masajes y ayudar a la gente a paliar sus dolores. Así que más animado reanuda la compra para volver a casa cuanto antes. - ¡Pietro, Pietro! – grita al entrar en casa. - ¿Qué ocurre? – le contesta el albino saliendo a su encuentro preocupado- ¿Te ha pasado algo? ¿Estas bien? ¿Por qué gritas de ese modo? Aioria deja las bolsas en la cocina y cogiendo de la mano a Pietro le sienta en el sofá y le cuenta lo ocurrido en el supermercado, así como su idea de montar una clínica en su casa. - Un gabinete de masajes… me parece una gran idea. Siempre se te ha dado bien curar huesos rotos y esguinces. Pero antes tendrás que sacarte el título, no quiero ir a la cárcel a visitarte porque te hayan detenido por intrusismo en la profesión. - Lo haré, será fácil. En un año tendremos la clínica montada, y mientras podremos vivir de nuestros ahorros. - Bueno, siempre puedo cobrar por mis habilidades como médium. - Ni se te ocurra hacer algo así. – Le dice indignado- Usaras tus habilidades para ayudar a las personas, si quieren darte algo será la voluntad de cada uno. Y hablando de espíritus, ¿cómo vas con ellos? - Ya he terminado. La verdad es que estaban deseando irse. Ninguno me ha pedido nada a cambio, así que ha sido rápido. Y con ellos han desaparecido las mascaras. Tienes una habitación más para decorar y usar como quieras. - La usare como sala de estudios, ¿te parece bien? - Me parece perfecto, y ahora muéstrame que has comprado, ayudar a cruzar al otro lado a una horda de espíritus da hambre. Ambos se dirigen a la cocina y juntos preparan la comida, para dar buena cuenta de ella mientras hablan de su nuevo futuro juntos y sus proyectos para el mismo. Después de recoger se van a la cama, pasando la primera de muchas siestas llenas de amor y confidencias mutuas.
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