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Para Kamus El chico nuevo Para Jay/Kamus. Que tengas unas excelentes fiestas en compañía de tus seres queridos.
-Verá profesor, mi hermano…-dijo el alto joven de castaños cabellos al hombre de verdes mechones- mi hermano es bastante impulsivo, tiende a meterse en problemas y… -No se preocupe señor Aiolos, le aseguro que nos haremos cargo de su hermano. -Gracias director Shion, ninguna otra institución ha querido aceptarlo y… -De verdad, no tiene nada que agradecer. Aquí en el instituto Graude jamás le daremos la espalda a un niño. Nuestra fundadora, la señorita Saori Kido se ha esforzado por hacer de este instituto un Santuario para el desarrollo de los jóvenes. Le aseguro que bajo nuestra tutela, Aiolia se convertirá en el exitoso hombre que está destinado a ser. -De verdad, no sabe cuánto se lo agradezco. -No tiene nada qué agradecer, -dijo Shion saliendo de la dirección, hacia un pasillo donde esperaba un joven muy parecido a Aiolos, pero más pequeño. En su rostro podían verse varios raspones y una bandita que recorría su mejilla. -Siéntete bienvenido Aiolia –dice Shion extendiéndole la mano al niño, éste rápidamente se levanta y hace una reverencia hacia su nuevo director, quién lo mira complacido. Esto logra relajar al nervioso Aiolos que ve a su hermano sin poder ocultar un gran orgullo. -¡Oh, Camus!-dijo el director llamando la atención de un niño de largos cabellos azules y mirada fría que pasaba por ahí –Él es Aiolia, y se integrará a tu grupo a partir de hoy, ¿podrías llevarlo a su siguiente clase? Yo debo arreglar algunos asuntos más con su hermano. -Como usted deseé, señor –dijo Camus haciendo una reverencia y comenzando a avanzar sin siquiera dirigir la mirada a Aiolia. -La siguiente clase es Geografía, impartida por el maestro Kanon –dijo Camus sin voltear. Aiolia le seguía con dificultad, esforzándose por llevar su ritmo, sin embargo Camus era muy rápido y parecía no importarle si el recién llegado le acompañaba o no. Seguía caminando por el resto de los estudiantes mientras explicaba lo que habían visto en el curso hasta el momento y cómo actualmente se encontraban estudiando los distintos cuerpos acuosos, especialmente los océanos. Apenas llegaron al salón, Camus se dirigió hacia un lugar al frente del salón, casi en el centro. Aiolia no conocía a nadie, así que decidió sentarse a su lado a pesar de la cercanía del maestro. Una vez tomó asiento volteó a ver a Camus, quien no reaccionó de ninguna manera. A los pocos minutos entró un apuesto hombre de larga cabellera azulada. Era un maestro excelente que continuamente mezclaba sus enseñanzas sobre las ciencias marinas con mitos e historias sacadas del folklore de diversos pueblos. En algún momento Aiolia intentó hacer una broma acerca de esto, pero Camus simplemente no le prestó atención. Al terminar la clase, Camus recogió sus cosas y nuevamente salió sin preocuparse demasiado si Aiolia le seguía o no. Aiolia se apresuró para revivir esa travesía a través de pasillos desconocidos y torrentes de estudiantes que se dirigían a su siguiente clase. Así se encontraba siguiendo a Camus cuando notó algo extraño. A pesar de que en ningún momento volteaba, parecía saber precisamente la distancia a la que se encontraba de él. Cuando ésta se acrecentaba, Camus disminuía levemente su velocidad, y la retomaba apenas Aiolia comenzaba a darle alcance. Algo similar había ocurrido en la primera ocasión, ya que Camus había tenido cuidado de dirigirle la palabra sólo cuando él se encontraba lo suficientemente cerca como para escucharlo. Finalmente llegaron al salón donde tomarían la clase de Historia. Adentro se encontraba el mismo hombre que les había dado la clase anterior. -¿Kanon sensei? ¿Cómo llegó aquí tan rápido?-preguntó Aiolia sorprendido. -No es él –respondió Camus con su voz carente de emoción que comenzaba a molestarle a Aiolia sobremanera. –Si lo ves bien, notarás que su cabello es de un tono diferente y su voz es menos grave –continuó como alguien que denota lo obvio a un niño distraido- Incluso su ropa es distinta. Se trata del hermano gemelo del Sr. Kanon, el Sr. Saga. Debemos entrar, no le gusta que la gente llegue tarde a su clase. Dicho esto, Camus ingresó al salón con paso apresurado a pesar de que aún faltaban varios minutos antes de que comenzara el siguiente periodo, para tomar asiento en un lugar similar al anterior. La actitud de Camus en realidad comenzaba a fastidiar a Aiolia. Nuevamente iba a sentarse junto a Camus, pero a medio camino se lo pensó mejor y decidió tomar un lugar en la última fila, junto a la ventana. Se las había arreglado muy bien él sólo en las muchas escuelas en las que había estado antes, y seguramente se las podría arreglar nuevamente en esta escuela. Aiolia se había integrado muy tarde a las actividades escolares ese día, y dado que aún era muy pronto para que tuviese actividades extraescolares, apenas terminó la clase de Saga pudo retirarse a casa. No se había alejado siquiera dos cuadras cuando un grupo de tres muchachos de su edad le habían cerrado el paso. -¿Así que aquí es en dónde has venido a esconderte de nosotros? –preguntó un joven de cortos cabellos azules. -Jamás me escondo, y si lo hiciera, ciertamente no lo haría de ti –respondió Aiolia soltando su mochila y poniéndose en posición de pelea –“Deathmask” –concluyó haciendo mofa de su apodo. -Te arrepentirás… Shura, Aphrodite, ¡deténganlo! Un chico de cortos cabellos negros se colocó a su costado derecho, mientras que otro de largos cabellos turquesas y delicadas facciones hacia lo mismo a su costado izquierdo. Aiolia soltó un puñetazo a Aphrodite, que éste apenas esquivó, iba a arrojar uno nuevo, pero el otro chico le soltó un golpe en el cuello con su mano en forma de espada. Aphrodite aprovechó la ocasión para sostener uno de sus brazos mientras que Shura hacia lo mismo con el otro. Aiolia intentó forcejear, pero los dos chicos lo tenían fuertemente sujeto. -¿Qué pasó? – se burló esta vez Deathmask - ¿Al león le han cortado la melena? Se disponía a dirigirle un golpe cuando una roca del tamaño de un puño se estrelló en su hombro. El dolor fue intenso y Deathmask inmediatamente perdió la movilidad del brazo. Encima de una barda no muy alta, Camus se encontraba jugando con una piedra de similar tamaño mientras miraba con un aire distraído a los otros dos. -Suéltenlo- ordenó con su voz sin emoción, que extrañamente desprendía una sorprendente autoridad que provocó que Shura aflojase ligeramente su apriete sobre Aiolia, momento que el chico aprovechó para liberar su brazo y propinarle un golpe a Aphrodite. Shura se maldijo a sí mismo y se abalanzó contra Aiolia, pero una roca se estrelló con sorprendente fuerza en su pierna izquierda haciéndole caer. Camus había saltado de la barda y ahora caminaba hacia donde los chicos peleaban. Deathmask se le puso enfrente, amenazándolo con el brazo que aun podía mover libremente, pero Camus, al no estar herido, lograba esquivar fácilmente sus golpes y contraatacar, haciéndolo caer varias veces. El factor sorpresa le había dado a Aiolia todo lo necesario para poder lidiar con Shura y Aphrodite quienes poco a poco se alejaban de él, antes de emprender la retirada definitiva. Al verse sólo, Deathmask también huyó. -¿Te encuentras bien?-preguntó Camus volviéndose hacia él. Aiolia se preguntó a sí mismo si esa era la primera vez que veía sus profundos ojos azules desde que lo conocía. ¿Acaso no le había dirigido una mirada frontal en todo ese tiempo?... seguramente no, pues recordaría unos ojos tan bellos como esos. -S… sí, muchas gracias, yo… ¡cuidado! –gritó Aiolia al ver que Deathmask había regresado sólo para arrojarles una de las rocas de Camus, antes de echar a correr lejos. Aiolia reaccionó lo suficientemente rápido como para quitar a Camus del peligro, pues la roca se dirigía directamente a su rostro, pero había sido golpeado en el hombro en su lugar. -Gracias –dijo Camus incrédulo, quizá incluso asustado. -No hay de qué –dijo Aiolia poniéndose de pie y ayudándolo a levantarse –Creo que será mejor que me vaya. -¡Aiolia!-respondió Camus al ver que se alejaba – mañana tendremos ciencias con el profesor Asamori… debemos hacer un proyecto, pero aun no tengo compañero… ¿te gustaría… -Sería genial –respondió Aiolia dirigiéndole una gran sonrisa antes de emprender nuevamente su camino…
Varios años más tarde…
-¿Qué haces cielo? –preguntó un hombre de cortos cabellos castaños mientras se reclinaba sobre la silla, rodeando con sus brazos al hombre de largos cabellos azules que se encuentra frente a la computadora. Sus manos se deslizan provocadoramente sobre sus brazos, mientras su mejilla se posa sobre la de su compañero. -Sólo recuerdo viejos tiempos. -¿Es ese nuestro viejo proyecto de ciencias? –en la pantalla de la computadora se puede ver el título del proyecto “Conductividad del agua en sus diferentes estados de agregación” y una imagen de una placa de hielo a la que se le han ajustado un par de electrodos. -¿Quién lo diría? –preguntó Aiolia burlón a la vez que giraba la silla hasta tener el rostro de su amante frente a él –El hombre frío como el hielo tiene un momento de nostalgia. Camus hizo un falso gesto de sentirse ofendido. Iba a contestar algo, pero se contuvo. En su lugar extendió su brazo hacia la nuca de Aiolia y suavemente lo atrajo hacia él, hasta que sus labios se fundieron en un tierno beso.
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