Para Hyocam

Eclipse de sol, eclipse de luna.
Para Ariadne

 

 

Si usted me lo preguntara, yo le diría que esa unión fue hecha en el Tártaro y bendecida en Eliseo.  Oh no, no se asuste.  Ninguno de los dos era lo que se esperaban, al menos no cuando ellos ahora recuerdan esos momentos y se dicen que ni ellos mismos creían que podrían llevarse bien.  Fue simplemente una de esas relaciones a las que nadie les encuentra sentido, pero de las que nadie se queja.  Una de aquellas que nos pone a pensar en cómo los dioses juegan con los humanos para que, luego éstos terminen tan unidos que no haya manera de decir que esa relación jamás debió pasar.  Porque esta relación estaba predestinada por las estrellas, cuando se determinó que la luna no podría vivir sin el sol y que esa unión de ellos, sería un eclipse eterno que jamás terminaría.

Pero veo que me mira y que todavía no me cree, ¿o sí?  Mire, déjeme le cuento: los santos de Atena han nacido para proteger a la diosa y lo han hecho por generaciones desde los últimos tres mil años.  Sin embargo, todos ellos son hombres que viven y sienten, que ríen y lloran.  ¡No me mire así! ¡Se lo digo en serio! Por generaciones he visto a muchos de ellos vivir y morir con honor, todo por la diosa.  Pero, nunca antes tuve que ser testigo de lo que vi en esta generación.  El dolor, la tristeza vivida, el tener que redimirse para que los demás volvieran a confiar los unos en los otros.

Fue así como los conocí: Aioria de Leo y Máscara de la Muerte de Cáncer.

¿Qué si no los conocía de antes?  ¡Claro que sí! ¡¿Pero qué dice?! Lo que pasa es que en esta generación, ellos no dejaban que me acercara, de hecho, no dejaban que nadie lo hiciera.  Los santos de Atena eran huraños,  temían  acercarse a las personas.  Habían sufrido mucho, ¿sabe?  Pero déjeme regresar a mi historia y le cuento de estos dos.

Nadie sabía hacía cuánto tiempo que ellos habían estado viéndose en secreto.  Si me pregunta, diría que eternidades, pero, para las personas que como yo sabemos lo que se oculta en el corazón de los demás, sabemos que no llevaban tanto tiempo.  Esa noche era una de luna llena.  La redondez de ésta brillaba de tal manera, que todo el Santuario de Atena podía haber sobrevivido a la noche sin haber utilizado una vela siquiera.  Era hermoso, y, ahora que lo recuerdo, hace que la piel se me erice.  En el cielo, los astros parecían danzar de manera imperceptible porque nadie, ni siquiera yo hasta muy tarde, me di cuenta de lo que estaba ocurriendo en el firmamento.

Aioria había llegado de caminar.  Se había pasado todo el día escuchando razones y tratando de hacer las paces con su hermano.  ¡Le era tan extraño al pobre que su hermano hubiera regresado a la vida junto con ellos! Tks, tks, pobre Aioria…el único que trató de no empujarlo hacia su hermano, fue Máscara.  Él, Cáncer, sabía mejor que nadie que para enfrentar tus demonios debías entenderlos primero, luego, ya podrías hacerle cara y finalmente los destruirías.  ¡Por supuesto que Aioria amaba a su hermano!  ¡Cómo puede preguntarme eso!  Aioros había sido la vida y la muerte de Aioria; sin embargo, para el joven Leo no era fácil hacerle frente a la realidad de sus vidas.

Lo intentaría, ¡que de eso no le quepa la menor duda!  Pero, esa noche, él quería un descanso.

Máscara le siguió hasta su templo.  Lo recuerdo muy bien.  Su mirada tranquila, rojiza, mientras su cabello blanquecino era acentuado por la luz de la luna.  Si tan sólo usted pudiera ver lo mismo que yo vi.  La luna le abrazaba como queriendo decirle que ella nunca le abandonaría.  Ella, el ser que era la maldición y la bendición de Máscara.  Su principio y su final.  Ahh…si tan sólo usted lo hubiera podido ver.  Aún para haber sido un hombre quien recibiera esa caricia de su madre, él se veía hermoso.  Esa fue la misma visión que Aioria tuvo desde que le vio subir los últimos escalones hasta su templo. 

Silencio.  Esa noche no hubo más que silencio mientras Máscara de la Muerte se acercaba a Aioria.  Hacía ya varias semanas que se buscaban en secreto, que se entregaban el uno al otro sin guardarse mucho para sí mismos.  ¡Sí!  Ya sé que le parece absurdo pero no lo fue.  Cuando estaban juntos, Máscara se olvidaba de quién había sido y recordaba quién era.  No le importaba que hubiera podido entenderse tan bien con Aioria; no.  Se sentía atraído a él, así como la luna con el sol.  ¿No lo sabía?  La luna se mantiene en órbita por la atracción de la tierra, pero vive por la luz del sol.

Por eso, puedo decirle que el santuario era la tierra de Máscara; guardián de la casa de la luna.  Y Aioria, dueño de la del sol, se iba convirtiendo poco a poco en la razón para mantenerse vivo.  Ese fue el motivo por el cual, en esa noche en que mi pobre niño Aioria se sentía destrozado y cansado hasta lo más profundo de sus huesos, él levantó la mano para que Máscara diera los pocos pasos que le faltaban para poder encontrarse con él.  Necesitaba del toque fuerte de ese hombre de cabellos casi blancos.  Precisaba de una invasión tal a su cuerpo, a su psique y a su cosmos, que no dudó en apretarle con fuerza y guiarlo al interior de la casa del León Estelar.

Incluso yo me sorprendí cuando vi el tácito acuerdo entre ellos; ¿cómo más puede llamársele a eso?  ¿Amor?  ¿Está usted loco?  Lo que ellos tenían iba más allá del territorio de Eros y era tan enorme, que el mismo santuario no podría llegar a contenerlo.  ¿En qué iba…?  Ahh sí…

Máscara siguió a Aioria dentro del templo.  El pasillo que guiaba hacia el interior estaba oscuro y era evidente que la casa estaba desierta; ni siquiera la escudera de Leo estaba allí para hacer que pareciera un lugar habitable.  Aioria necesitaba olvidarse del mundo, concentrarse en sí mismo por unos momentos y Máscara le proporcionaba eso exactamente.  Con cada paso que daban, Máscara se acercaba más a él por detrás.  Pronto, había dejado de tomarle de la punta de los dedos y sus manos escalaban el brazo de Aioria mientras que su otra mano se enredaba en la cintura de Leo.

Cáncer adoraba el olor a sudor en la nuca de Aioria, más cuando sabía que había estado rabiando momentos antes.  Es que…aún ahora que lo recuerdo, se me eriza la piel de nuevo.  ¿Puede usted imaginarse a estos dos hombres unidos en un abrazo tan increíblemente erótico mientras caminaban hacia el cuarto del León?  Por Zeus…me parece estarlos viendo y ni siquiera necesito tenerlos en frente mío: Máscara cerró los ojos a la vez que sus labios se posaban en la nuca del gato de santuario.  Habría que haber visto a Aioria.  Su cuerpo se tensó del gozo que sentía, en tanto que sus manos sudaban copiosas por la anticipación.

Nunca se sabía quién tomaría a quién.  Entre ellos, cualquiera podría hacerlo; eran iguales, se deseaban, y por Atena que cuando estaban a solas nunca se fijaron en nadie más.  ¡¿Cómo cree que yo podía verlos?! Pero ellos jamás se enteraron de mi presencia.

Cuando entraron en la habitación, ya Aioria había empezado a quitarse la camisa de entrenamiento y su torso quedaba al descubierto para que Máscara pudiera hacer con él a gusto.  Era demasiado hermoso verlos juntos.  ¡Pronto, sus respiraciones se confundían y no sabías quién era el hiperventilado!  Arremetían el uno contra el otro, besaban, lamían…si tan sólo usted pudiese haber sido un testigo de todo como yo lo fui.

Pero si viera, lo más gracioso de toda esta historia que le cuento hoy, es que Aioros, el hermano mayor de Leo, entró a ese templo a buscarlo.  Quería pedirle disculpas de nuevo, convencerlo para que le diera una oportunidad.  Fue ahí que los vio.  Aioria estaba encima de Máscara.  El mayor vio cómo su hermano se deleitaba succionando y jugando con el pecho de Máscara  ¡Ey, no me pida detalles!  ¡Hay que respetar!

Déjeme sigo con mi historia.  Aioros le vio besarlo, chuparlo, incluso le vio mover sus manos sobre la entrepierna del otro, mientras el albino, recostado sobre la cama de Aioria, cerraba los ojos y gruñía.  Máscara tenía sus manos sobre su cabeza, sosteniéndose de la cabecera mientras que su cabeza se perdía entre las mullidas almohadas.  Sagitario pudo verlos gozarse el uno al otro, hasta que vio cómo Máscara le pasaba un frasquito a Aioria y justo antes de que se unieran, Aioros salió a toda prisa del lugar; el eco de los gemidos de su hermano y el amante de éste, opacando cualquier otro sonido que hubiera alrededor.

¡No sea pervertido!  ¡No voy a contarle cómo terminó esa noche para ellos dos!  Sólo déjeme decirle que se unieron como siempre lo hacían.  En el interior de Leo, el silencio había cedido finalmente a los sonidos de estos dos amantes que se encontraban en medio de una hermosa noche de luna llena.  ¿No se ha fijado que es en esas noches cuando la luna más brilla?  Es justo ahí que el sol le ha bañado más con su luz y ella puede mostrar su redondez.

Pero esa noche, en el oscuro cielo que bañaba el santuario de Atena, otros acontecimientos tenían lugar.  Esa noche hubo eclipse de luna.  El pobre de Aioros lo notó al salir de Leo y tratar de controlar su respiración.   Sin embargo, no pudo evitar su confusión.  Los astros en el cielo le debían estar jugando una mala pasada.  Lo que creía un eclipse de luna se tornaba por momentos en uno de sol para regresar a ser lunar.  Muy en contra de su voluntad, y vaya si tuve que ver su rostro contorsionado por la confusión, Aioros tuvo que reconocer que jamás había visto a ninguno de ellos, Aioria o Máscara, tan claramente felices, o al sol y a la luna jugueteando tanto el uno con el otro..

Ya fuera eclipse de sol o eclipse de luna, ¿no le parece que la de ellos es una unión muy perfecta?

 

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