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Para Kamus Obra Maestra. Por Ariadne
Para nadie era un secreto en la universidad que el lugar estaba lleno de artistas y que ésta en realidad había crecido hasta convertirse en epicentro cultural del estudiantado de la ciudad de Atenas. Kamus Sorcier que provenía de una de las familias más acaudaladas de Francia se sentía emocionado de saber que estaría en ese lugar de entre todos y que allí podría dedicarse a la pintura, como tanto le gustaba. Ya hacía dos meses que había llegado al lugar por un intercambio y tenía que reconocer que le encantaba el todo sobre la universidad. El campus era mucho más espectacular que el de su universidad en Francia. Eso al menos se decía mientras veía por la ventana de su dormitorio. El pelirrojo se levantó del silloncito que estaba empotrado en la pared y se dirigido a recoger sus implementos de pintura. Ese día tenían una clase de la que no estaba muy seguro cómo le iría. Siempre se veía en problemas cuando tenía que dibujar cuerpos en público y por lo que le decían sus compañeros, usualmente tenían a un modelo en vivo que les ayudaba a aprender a hacer mejores trazos. Kamus se llevó las manos a la cabeza al pensar en eso. En su maletín ya tenía empacados sus cuadernos de sketches y sus lápices, pero aún se sentía inseguro. Dibujar era su pasión desde que era niño, pero tenía metida en la cabeza la idea loca de no saber proporcionar bien un cuerpo y aunque le dijeran que eso no era cierto, él no podía ver la perfección en sus obras. Kamus tomó su maletín y salió de su habitación a toda prisa. Quería llegar antes al salón para tomar un asiento que quedara cerca del modelo. Sólo esperaba no arruinarlo todo. Al llegar, se dio cuenta que ya varios estudiantes habían pensado igual que él y habían decidido hacer lo mismo, dejando solamente un puesto libre en justo en la primera fila—sí, al llegar allí estaba seguro que sería mejor si pudiera quedarse en una segunda fila. Afortunadamente esa tarde no estarían en el estudio en el que trabajaban cuando el profesor quería que aprendieran a dibujar desde diferentes ángulos. Kamus respiró tranquilo. A pesar de la incomodidad de tener que estar dibujando desde una de las esquinas en frente de donde estaría sentado (¿o parado?) el modelo, aún ahí podría esconderse un poco de su profesor para que éste no fuera muy duro con él. A las diez en punto de la mañana el profesor Barton, un escocés cuarentón de cabello cano que había preferido Atenas a su verde escocia entraba al aula de dibujo seguido por un rubio de facciones pulidas y mirada tranquila. Kamus siguió a los dos hombres con la mirada hasta que éstos se detuvieron al frente de la clase. Sin embargo, la mirada de Kamus se desvió de su profesor al modelo. De todas las indicaciones que el Señor Barton estaba dando, lo único que el pelirrojo pudo comprender fue ‘Aioria’ para luego verle desaparecer hacia la salita en la que los modelos se desnudaban antes de entrar en ‘escena’ para ellos. Al escuchar la orden para empezar a organizar sus utensilios y disponerse a hacer los bocetos en cuanto Aioria regresara, Kamus escuchó a sus compañeras de clase hablar del agraciado cuerpo del griego. Al parecer el chico no era nuevo en las lides del modelaje para pintores y ya poseía cierta fama de no tener pudor a la hora de quitarse las ropas para los alumnos del Señor Barton. También escuchó comentar que el joven sólo posaba para el profesor y sus alumnos; según decían otros profesores e incluso estudiantes habían buscado la manera de que Aioria posara en sus clases o para ellos en privado pero nunca se había sabido nada al respecto. Sin embargo, el muchacho seguía apareciéndose en las clases de Barton. “Jóvenes, espero que ya estén preparados.” La voz del profesor se escuchó en el salón y los estudiantes se quedaron en un absoluto a la vez que absurdo silencio que no fue sorpresa para Aioria quien ya caminaba hacia su lugar en el estrado en frente de los estudiantes, envuelto únicamente en una bata que le servía para cubrirse. Aioria se sentó en el espacio que había sido previamente preparado para él y dejó caer la bata hasta que ésta sólo cubriera desde sus caderas hacia abajo. “Escúchenme todos,” Comenzó el profesor acercándose a Aioria con una batuta que le servía para señalar lo que deseaba. “Esta sección de la espalda es la que quiero que tracen. Quiero su destreza puesta aquí y aquí.” Continuaba el profesor mientras señalaba la nuca del griego y hasta el final de la espalda, señalando especialmente la curvatura de la espina dorsal y los músculos claramente definidos en un cuerpo que no tenía un ápice de grasa acumulada. Kamus respiró profundo antes de comenzar.
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Por supuesto que el Señor Barton no estaba dispuesto a darle ningún tipo de información concerniente al modelo. El profesor simplemente le había dicho que cualquier día podría encontrárselo al caminar por ahí en el campus, ya que Aioria también era alumno de la universidad. Kamus refunfuño en privado tantas veces como le era posible. La única manera en que por fin sentía que había logrado algo en cuanto a dibujar cuerpos se refería había sido con Aioria en esa hora de sesión que tuvieron hacía ya más de dos semanas. Sin embargo, Kamus no tenía mucho tiempo para quedarse discutiendo con el profesor, aunque ya había considerado el ofrecerle dinero por conocer el paradero del modelo. Esa tarde, Kamus se apresuró a su dormitorio. Necesitaba terminar algunas pinturas que le habían asignado en otras clases y debía apurarse con ellas si no quería tener que pasarse todo el fin de semana estudiando y pintando. Además, quería pasar algo de tiempo con sus amigos en ‘El Olimpo’, la discoteca a la que todos los estudiantes iban. Por eso, al ir tan deprisa no se dio cuenta que alguien más estaba girando en la misma esquina que él y terminaron tropezando y por supuesto, golpeándose y haciendo que lo que llevaban en las manos se derramara por los suelos. Kamus maldijo en francés cuando esto ocurrió y se apuró a recoger sus cosas. Sin levantar la mirada, tomó sus pinceles y los óleos que hacía tan sólo unos instantes llevaba en las manos y los tiró con rabia a su mochila. Se reprochaba su torpeza y estaba notablemente enojado consigo mismo. “Je suis desolé.” 1 Dijo el otro chico quien a su vez estaba ayudándole a recoger el reguero de implementos y quien le sonreía afablemente. Kamus estaba a punto de responderle cuando se dio cuenta que era Aioria y por instinto se tragó sus palabras. En cuanto Kamus se quedó en silencio, Aioria cambió a inglés, “If there’s anything I can do to make up for my clumsiness…” 2 Decía Aioria apenado y cambiando al inglés usado por todos los extranjeros. “Tranquilo, entiendo griego, así que no hay problema.” Respondió Kamus tajante mientras arreglaba un mechón de cabello que se mantenía rebelde y fuera de lugar, a lo que Kamus respondía halándolo con fiereza y llevándolo detrás de su oreja. “Vas a arrancarte el cabello.” “¡¿No es a ti a quien se le cayó todo lo que llevaba en las manos o sí?!” La respuesta del pelirrojo sorprendió a Aioria quien se disculpó de nuevo, y terminó de ayudarle a recoger los pinceles que le faltaban. “Ya deja eso.” Kamus habló más tranquilo esta vez, sonrojado. “No es tu culpa, ¿OK?” Aioria sonrió débilmente y Kamus lo hizo de igual manera. “Plus, je suis bien.” 3 Al escucharle responderle en francés, Aioria rió con ganas. “Lo siento, apenas empiezo mis clases de francés y sólo sé unas cuantas palabras.” “Jamás me habría dado cuenta.” Respondió Kamus fingiendo sorpresa.
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Obviamente, Kamus encontró la manera de hacer que Aioria pagara por el tropezón de ese día, aunque luego hubiera admitido que él mismo no iba fijándose por donde caminaba—o corría, en realidad. Después de mucho discutirlo, terminó convenciendo a Aioria para que le ayudara posando para él en privado. El griego había accedido a regañadientes, pero Kamus se encargó de recordarle que había sido él quien se ofreciera. Para su sorpresa, Aioria estaba estudiando lenguas, aunque por tener un trabajo de medio tiempo con su hermano tuviera que hablar aplazado francés por casi dos años, lo cual explicaba su buen manejo del inglés, pero su pobre francés. Kamus rió el día que Aioria le contó la historia, ya que en su casa, saber ambos idiomas era una obligación. Por supuesto, Kamus se ofreció a ayudarle a estudiar, de lo cual Aioria tomó perfecta nota para cobrarse luego el que Kamus le casi forzara a posar para él. El problema radicaba en que Aioria continuaba yendo al dormitorio de Kamus a posar a pesar de que ya había pasado algo más de un mes desde la primera sesión que tuvieron y luego se quedaba de hecho estudiando algo de francés con Kamus. Eso de por sí, ya le representaba un problema. Esa tarde, llovía a cántaros afuera, lo cual era inusual en la comúnmente soleada y seca tierra del mediterráneo. Kamus preparaba algo de café en su máquina instantánea mientras Aioria comenzaba a quitarse la ropa, dispuesto a dejarse pintar como ya era costumbre. “Entonces, hay verbos que se conjugan en el passé composé con ‘avoir’ y otros que se conjugan con ‘être’, ¿es así?” Preguntaba Aioria al sentarse en la cama y empezaba a acomodarse en la pose en la que estaban trabajando. “Sí. Los que se conjugan con ‘être’ son llamados los verbos de ‘la pettite maison’.” Kamus se acercó y le entregó la taza al rubio mientras éste reía. “¡Aioria! ¡No te pongas a escribir eso ahora! ¡Te lo repito más tarde? ‘d’accord’?” “Lo sé, lo sé. Simplemente estoy tratando de no olvidarlo para más tarde.” Aioria rió al ver cómo Kamus arrugaba la nariz al verle el dorso de la mano rayada por el lapicero. “La pettite maison, dijiste?” Kamus giró los ojos un tanto molesto, pero tuvo que reconocer que la risa honesta de Aioria no le daba espacio para enojarse en realidad. Muy a su pesar, terminó riendo con el otro. “Pagarás por eso, ¿sabes?” Aioria sonrió, para luego fingir seriedad, lo cual en realidad no le era muy fácil. Cada vez era más fácil pasar el tiempo con Kamus y que el problema de estar modelando para él constantemente dejara justamente de ser un problema para él. De hecho, Aioria tuvo que reconocer que Kamus era bastante atractivo y que él mismo podría ser un modelo si lo deseara. “Kam…” Aioria se movió de su posición, lo que le ganó la mirada seria de Kamus obligándolo a regresar a su posición inicial, “¿Por qué estás en Grecia? Digo, por lo que me has dicho, vienes de una familia adinerada, no sería difícil para ti vivir en donde quisieras.” “Quiero pintar, qué mejor lugar para aprender que donde el arte nació?” Aioria seguía observándolo con detenimiento cuando Kamus volvió a hablar, “Se dice que sólo posas para el Señor Barton; ¿se puede saber por qué?” Aioria se dejó caer sobre la cama al ver que no podría dejar de responderle a esos ojos que sin dejar de mirar el lienzo parecían en realidad verle a él. “¡Ori!” Kamus gritó en el instante en que las manos de Aioria se abrieron para dejarle ver que también se había escrito en las palmas. “¡¿Qué pasó?!” Aioria fue quién gritó por la sorpresa del grito de Kamus y se incorporó. “¡¿Primero te escribes en el dorso de la mano, luego no me respondes a lo que te preguntó y te mueves de tu lugar y ahora resulta que también te escribiste en la palma?!” Kamus se acercó a la cama, paleta y pincel en mano y dispuesto a seguir con el reproche. “¡Tienes que odiarme, en serio!” Aioria no pudo aguantarse las ganas de reír y se dejó llevar por el impulso. La risa abierta del muchacho contagió de nuevo a Kamus quien pasó del enojo a la burla. “¿Ahora qué voy a hacer contigo? ¡Estás hecho un desastre!” Aioria continuó riendo, dejándose mirar por Kamus que ahora tenía el mango del pincel metido en la boca, y él le mordisqueaba mirando a Aioria curioso. Kamus suspiró y se acercó hasta arrodillarse en frente de la cama y enfocar a Aioria con el pincel, como calculando algo sobre él. “A ver…” El pelirrojo humedeció el pincel en el óleo verde y lo embarró sobre el pecho de Aioria, haciendo el éste cayera con todo su peso sobre la cama y cerrara los ojos. Kamus deslizaba la fría pintura con destreza, o al menos eso pensaba Aioria, y el pincel se sentía suave contra su pecho. Aioria entreabrió los ojos para ver cómo Kamus volvía a llevarlo a la paleta y tomaba algún otro color y volvía a su cuerpo pintando ya fuera su abdomen o justo como lo hacía en ese instante, sus brazos. “Mucho mejor, así.” Dijo el pelirrojo, sonriendo ampliamente en señal de satisfacción, “Ahora…” Aioria le vio morderse la lengua con los dientes y sacarla un poco, sobresaliendo de sus labios para luego reírse a carcajadas al ver cómo Kamus cubría su letra en sus manos. “Incorregible.” “Lo sé. ¿Quién te manda a no hacer lo que te piden?” Hubo un instante entre que Kamus hablara y volviera a sonreírle en que Aioria por instinto se incorporó lo suficiente como para besar a un perplejo francés. La paleta y el pincel de Kamus cayeron al piso en el momento en que éste reaccionó y puso sus brazos alrededor del cuello de Aioria y sobre la cama para sostenerse. Esa tarde, Kamus terminó igualmente embarrado de pintura.
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“Los verbos de la pettite maison son aquellos que implican movimiento, como ‘sortir’ y ‘arriver’; a ésta también pertenecen los verbos pronominales, es decir aquellos en los que la acción recae sobre el sujeto que está hablando, por ejemplo ‘Elles se sont tues’” “Vaya y yo que creía que a estas horas estarías modelando para el Señor Barton.” Kamus habló socarronamente mientras caminaba hacia la mesa en medio de la cafetería de la facultad de Lenguas. Aioria le sonrió y movió sus libros para que el otro se sentara a su lado y dejara sus utensilios de pintura sobre la mesa. El rubio tomó a Kamus por el rostro y le besó para saludarlo, lo cual produjo un profundo sonrojo de parte del francés más la mirada atenta de los admiradores de Aioria que no dejaban de observar sus movimientos sin importar que no estudiaran en la escuela de arte y menos aún, que nunca le hubieran visto modelar. “Ya te dije que no volví a modelar para Edward.” “Jamás podré creer que en verdad le dijeras que no modelarías más para él.” Kamus contestó para luego adueñarse de la bebida de Aioria. “Edward adora a mi mamá, por eso le ayudaba con sus clases, porque ella me lo había pedido y como ella dice, siempre se ha enorgullecido de haber criado a un hijo tan guapo; ahora mi mamá se encarga de mantenerlo feliz para que no se queje y yo no tengo que preocuparme de volver a modelar.” “Para desgracia de tus fans. Creo que me odian.” Kamus por su parte adoraba que Aioria riera a carcajadas. No sólo causaba que todo un salón lleno de personas, en este caso una cafetería, se girara a verle, sino que parecía que el sol resplandeciera en su rostro bronceado y enmarcado por su dorada melena. “Por cierto, ¿cómo te fue con ‘ese’ trabajo?” Aioria preguntó mientras le arrebataba su bebida de las manos a Kamus y volvía a sus libros. “Tienes esa oración mal hecha, Ori.” Kamus le corrigió por encima del hombro. “¿Kam, el trabajo?” Aioria le preguntó de nuevo, sonrojado por la manera familiar y cariñosa en que se dirigían el uno al otro, para luego verle buscar algo en su maletín. “Barton ni siquiera se atrevió a poner la calificación sobre el lienzo. Dijo que era mi obra maestra.” Kamus le mostró el cuadro de Aioria que habían pintado luego de muchas tardes de jugar con el cuerpo del otro y las pinturas de Kamus. “Quiere que la presente en la exposición que haremos los estudiantes de segundo año al final del año.” Rápidamente volvió a acomodarla entre los papeles mantequilla que la protegían y la regresó a su maletín. “Era lo mínimo que podía decir, je me vois délicieux.” 4 Esta vez fue Kamus quien se soltó a reír a carcajadas, a la vez que empezaba a recoger sus cosas. “Primero aprende a hablar francés…o mejor, quédate con el inglés que se te da mejor.” “Mais, Kamus…” 5 Kamus continuó riendo al ver la forma en que Aioria ponía los labios para pronunciar la u de su nombre en francés. “Ori, mejor déjalo.” Kamus comenzó a cerrar los libros de Aioria y a apilarlos para que éste los guardara y se marcharan. “Además, tenemos que irnos, prometiste modelar para mí esta tarde.” Kamus no tuvo que decirlo dos veces para que Aioria le siguiera a toda prisa.
------------------------------------- 2- “Si hubiera algo para disculparme por mi torpeza…” 3." Además, estoy bien."
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